El anillamiento de aves es una herramienta para su estudio, mediante su captura incruenta y posterior suelta. Durante el manejo de éstas se toman una serie de datos, referentes a la edad y el sexo, medidas, peso, estado físico del ave, etc. Todo ésto sirve para un mejor conocimiento de las especies y por consiguiente se obtienen los fundamentos necesarios para su protección. La labor del anillamiento científico sólo puede ser realizada por personas suficientemente cualificadas y autorizadas legalmente.



viernes, 28 de febrero de 2014

EL ESCRIBANO PALUSTRE Y SU PRIMER PLUMAJE

Buenas,
Quizá sea un poco tarde para escribir una entrada de este tipo, dedicada a una especie como el escribano palustre, que en nuestra zona (Madrid) se comporta como invernante, y más ahora que empieza a aparecer tímidamente la primavera. A pesar de ello, podemos hacer un poco de balance de lo que han sido las capturas de esta especie este invierno en nuestros lugares habituales de anillamiento. En este caso le dedico protagonismo a la identificación de su plumaje de primer invierno (EURING 3 y 5), el cual tantos y tantos problemas da a muchos anilladores y observadores de aves. Y como se suele decir, una imagen (¡o muchas!) vale más que mil palabras, así que vamos allá.


Así es como los recibimos según llegan (fotografía tomada a mediados de noviembre, pero suelen llegar algo antes). Plumas de vuelo relativamente nuevas (y buenas), entre las que se acierta un ligero contraste entre las plumas mudadas y las no mudadas. En este caso anterior es un macho, y como todos los escribanos que van a ilustrar esta entrada, de primer invierno.


Y así es como les despedimos. Aquí una hembra fotografiada la semana pasada (segunda quincena de febrero). En este caso (y tras varios meses transcurridos tras la aparición de las plumas juveniles), estos ejemplares de primer invierno presentan unas plumas de vuelo claramente translúcidas, entre las que incluso se adivina, en este caso, el horizonte del paisaje del fondo. Aquí el contraste entre las plumas no mudadas juveniles (primarias y secundarias) y las mudadas en la muda parcial postjuvenil (terciarias en este caso) es más destacado que en la imagen anterior.


Fijándonos en las colas el efecto es semejante. En la imagen de arriba las rectrices de un ejemplar en diciembre: apuntadas (típico de juveniles, pero no definitorio), ligerísimamente desgastadas y de baja calidad (visto en mano, claro está…).


Y ahora lo comparamos con una cola de un ejemplar en febrero. En este caso el desgaste es más acusado. Los bordes, y sobre todo las puntas, están más desgastados, algunas de ellas se han vuelto translúcidas, y en la mayoría de los casos se aprecia el raquis de color más pardo de lo normal (abrasado por la insolación)


Y ahora vistas de cuerpo entero. Una hembra muy bonita fotografiada en diciembre. ¿Y hembra por qué? Bueno, pues por además de las características propias de la especie como el patrón de las plumas del píleo-nuca-garganta las cuales diferencian ambos sexos según explican las guías, así como por su aspecto general, podemos fijarnos en más detalles. Pero mejor mirad también la foto siguiente y veréis a qué me refiero.


Et voilà! Aquí un macho de la misma edad que la hembra anterior. No siempre es necesario “despeinar” a los escribanos para saber si es “niño o niña” En este macho de primer invierno se adivina un collar grisáceo que no aparece en la hembra anterior. Esto es premonitorio del amplio collar blanco que tendrán los machos reproductores en época de cría. Además los machos de primer invierno que hemos capturado también tenían las cobertoras menores más vivamente coloreadas de rojizo que las hembras. Esto no indica que sea macho o hembra, pero si ayuda a encauzar un poco la decisión. También hay que aclarar que no todos los machos de primer invierno tienen un collar tan evidente como en este caso. Poco a poco el efecto del desgaste y la muda se va haciendo mas patente, hasta dar lugar la cabeza negra y el collar blanco típico de los machos, pero de momento, así es como se ven en el campo por estas fechas.


Sin embargo lo del “collar si, o collar no” no es válido para todos los ejemplares, ya que ciertas hembras pueden presentan un “falso” collar blanco en la nuca, como el ejemplar de la imagen siguiente.


Reconozco que la foto es mala, pero es esclarecedora de esto que comento (la nocturnidad es lo que tiene… que las fotos no siempre son buenas) Este ejemplar presentaba un plumaje de hembra típica, y las medidas también indicaban este sexo. Sin embargo el ligero collar blanquecino del cuello nos hizo dudar un momento. ¡Así que cuidadín! De todos modos en la bibliografía también se indica que hay ejemplares de este tipo (“hembras acollaradas”, más o menos)

Ahora mismo los palustres invernantes en las vegas madrileñas ya están camino de sus zonas de cría. Por este motivo, el plumaje que he presentado en esta entrada se está haciendo cada vez más "raro", ya que la muda prenupcial, sumado al efecto del desgaste, hacen que los ejemplares presenten una libre más nupcial.

Espero que os haya gustado este monográfico sobre el palustre y su primer plumaje.

Un saludo
Carlos Talabante

2 comentarios:

Santiago dijo...

que lindas aves, vi un monton en el central park en uno de mis vuelos a Nueva York. son muy bellas y originales. le saque un monton de fotos por como me habia llamado la atencion.

Blogger dijo...

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